Ciudad Universitaria: una urbe ecológica con arquitectura viva
Es indudable que el conjunto de la Ciudad Universitaria, en
pleno siglo XXI, continúa siendo una de las obras más emblemáticas de la
arquitectura mexicana contemporánea.
Es indudable que el conjunto de la Ciudad Universitaria, en pleno siglo XXI, continúa siendo una de las obras más emblemáticas de la arquitectura mexicana contemporánea; significa una de sus experiencias más ricas, complejas, plenas, logradas, y representa con muchos méritos y dignidad la institución educativa más importante del país.
Uno de los cambios más trascendentes que vivió la Universidad Nacional Autónoma de México fue, sin duda, su reubicación en el sur de la Ciudad de México a partir de 1952.
Pero el transplante de la Universidad a la Ciudad Universitaria no podía tomarse como un mero traslado, o como una simple realización arquitectónica. Hubo entonces que plantear y que afrontar un problema de planificación que consideró los factores físicos, humanos y económicos. Porque en sí lo que se construyó es una verdadera ciudad, una ciudad de la enseñanza y del saber.
El genuis loci de la Ciudad Universitaria
Para la congestionada urbe, la presencia de CU
es como un oasis en medio del desierto.
En el mundo de la teoría arquitectónica existe un concepto que evoca directamente con la pertinencia de las construcciones urbanas y su efecto sobre el medio natural donde éstas se conciben. Se le conoce como genius loci, es oriental y quiere decir “el espíritu del lugar”.
La doctrina china de Feng Shui[1] define el modo de construir los edificios y las ciudades, de utilizar la tierra y los recursos naturales para "evitar la modificación del paisaje, de forma que no se alteren las influencias energéticas que sustentan la vida y sus leyes de funcionamiento".
En un sentido natural-espacial, la orientación respecto al genius loci implica la definición, mediante la arquitectura y el urbanismo, de una relación experimental con el entorno geográfico, climático y geomorfológico, y con la flora y la fauna característica de la zona en cuestión.
Hoy en día, la orientación respecto al genius loci supone relacionar la arquitectura y el urbanismo con la historia de un lugar determinado. Así, el genius loci significa considerar la ciudad y los barrios que la componen como una herencia viva del pasado. Los edificios deben integrarse conscientemente como eslabones en la cadena de la historia.
Esta teoría oriental encuentra lugar para su exposición en la mismísima Ciudad de México, porque la Ciudad Universitaria es un ejemplo pomposo de la combinación de un concepto urbanístico funcional, artístico y ecológico.
Para muestra basta un botón: El sitio elegido para la construcción de la Ciudad Universitaria fue el conjunto de lava petrificada del volcán Xitle, que se le conoce como Pedregal de San Ángel. “Al aliento templado del clima se formaron pequeños valles, crestas y cañas de rocas, y las minúsculas cascadas y corrientes donde han visto la luz una fauna y floras ricas, diversas y únicas”.[2]
Lilia M. Guzmán, académica de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, se refiere al Pedregal de San Ángel como un medio natural vivo, pero latente, a la espera de ser admirado: “La belleza del Pedregal no es esplendente ni atractiva a primera vista; es dinámica y cambia de acuerdo a las estaciones del año, pero siempre es modesta, casi tímida: se la tiene que descubrir”.[3]
Sin embargo, la sabiduría y acierto radican en que esa condición geológica de piedra volcánica se acepta, se trabaja y se expone. Se trabaja y se expone en primera instancia a través de la modelación del terreno, en la conformación de terrazas y plataformas, de escalinatas y muros de contención y en el manejo de pavimentos y basamentos de piedra brasa (los frontones, por ejemplo).
De hecho, – y tal vez sería obvio resaltar – el terreno y el sitio, en la condición geológica del Pedregal, son los elementos paisajísticos que mayormente configuran el paisaje de la Ciudad Universitaria.
En el contexto de la imagen de la Ciudad de México, la presencia de la Ciudad Universitaria se lee clara y vigorosamente , señalada por el hito vertical de la Torre de Rectoría y el contrapunto horizontal del Estadio Universitario, cuyas explanadas abren un amplio espacio que la anuncia. Para la congestionada urbe, la presencia de CU es como un oasis en medio del desierto.

Para el proyecto de la Ciudad Universitaria se
invitaron a grupos de arquitectos e ingenieros, los mejores en su
momento.
Icono de la tradición arquitectónica de México
He conocido muchos campus universitarios y
estoy convencido de que el nuestro es el más espléndido y bello, de lo cual
debemos estar orgullosos los mexicanos.
Así también lo valora, el arquitecto Felipe Leal, coordinador de Proyectos Especiales de la UNAM. Por los grandes espacios abiertos, las explanadas que hay entre los edificios, evoca ciudades antiguas como Monte Albán, Xochicalco y otras zonas arqueológicas. “Sólo en México pudo haberse hecho una Ciudad Universitaria de esta naturaleza”, considera el Arquitecto.[4]
Se trata de una extraordinaria síntesis entre la tradición arquitectónica del México antiguo, la artesanía del muralismo mexicano de los años 50s y el racionalismo arquitectónico del México moderno, factores que la hacen única.
El arquitecto Ramón Torres Martines, que fungió como coordinador de la construcción de la Facultad de Medicina, aún recuerda con afecto aquellos años en los que en colaboración con los universitarios más ilustres de ese entonces, fue partícipe del éxito del gran proyecto arquitectónico.
A partir de ese entonces, asegura Ramón Torres, su vida ha estado íntimamente ligada con la de la Universidad. “He conocido muchos campus universitarios y estoy convencido de que el nuestro es el más espléndido y bello, de lo cual debemos estar orgullosos los mexicanos. Felicito a todos los que participaron en su creación”.[5]
Los murales y el paisaje urbano
La Biblioteca Central es el edificio más
fotografiado de la arquitectura mexicana del siglo XX.
Centinela de una reserva ecológica urbana
¿Cómo se concibe una Reserva Ecológica inmersa
en la segunda megalópolis más grande y habitada del mundo y que además es una de las más contaminadas del planeta?
De esta forma, la zona es declarada Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel de Ciudad Universitaria y actualmente cuenta con una superficie de 237 hectáreas. “Quienes conocen y trabajan en la reserva coinciden en que cualquier construcción hecha en CU requiere de un estudio de impacto ambiental, porque éste determinará si se lleva a cabo o no”, asegura el Biólogo Gerardo Carreón.

[2] Lilia M. Guzmán de Ocampo, La arquitectura de la Ciudad Universitaria, p. 33
[3] Ídem, p. 34
[4] Entrevista a Felipe Leal por Arturo García Hernández en La Jornada, Julio de 2005: www.jornada.unam.mx
[5] Testimonio de Ramón Torres Martines, en: Gustavo López Padilla, “Significados y aportaciones del proyecto de Ciudad Universitaria”, en la revista Bitácora Arquitectura.
[6] Entrevista a Felipe Leal por Arturo García Hernández en La Jornada, Julio de 2005: www.jornada.unam.mx

Este proyecto ya es una realidad en la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México, 










